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martes, 30 de agosto de 2011

Con la tristeza reflejada en sus ojos, se quedó quieto viéndolo desaparecer. Pero, no era una tristeza humana, pensó Simón.Sus ojos contenían la tristeza de siglos, como si el borde afilado de la tristeza humana se hubiera desgastado hasta irse suavizando con el paso de los años, igual que el agua del mar desgasta el canto afilado del vidrio.

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