Uno frente a otro. Ella lleva cargada una pistola. Él lleva una espada. Las miradas de ambos se cruzan por varios momentos y aparecen todos los recuerdos de repente. En un abrir y cerrar de ojos él raja la suavidad del cuerpo de ella con su espada y la sangre empieza a brotar desde debajo de su pecho hasta su cadera. Claramente se vislumbra la herida llena de sangre pero aún son más claros sus ojos llevados por la ira... pocos segundos más tarde ella le dispara, tres veces. Después de ese largo día una noche marcada por una tenue luz volvieron a encontrarse, sus ojos volvieron a encontrarse. Él llevaba una camisa de cuadros un tanto abierta por debajo del cuello que dejaba entrever el comienzo de una cicatriz y ella una camiseta en la que si le daba algo de la poca luz que había aquella noche se podía vislumbrar su cicatriz. Se sentaron en un banco y él toco su costado allí donde su espada había abierto su carne. Ella levantó su camiseta y él acarició su cicatriz lentamente con los dedos recorriendola desde debajo del pecho hasta su cintura. Ella desabrocho los botones de su camisa uno por uno y acarició las tres grandes cicatrices que se encontraban en su pecho y costado y que ella misma había provocado.
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lunes, 24 de septiembre de 2012
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