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lunes, 21 de enero de 2013

Mi corazón nadaba por la oscuridad, la bebida era una alternativa a mi estado de mediocridad. El tequila y la música alta me hacían evadirme, me hacían nadar en una reconfortante falta de luz. Pero, de repente la plenitud empezaba a querer rebosar fuera de mí, el vació era grande y todo comenzaba a dar vueltas queriendo salir. Y, sin poder evitarlo, sin querer evitarlo, me derrumbé y deje que rebosará de mí toda aquella oscuridad, cosa que no me evitó la embriagadez sino que aquello continuó y sólo cambió la sensación de euforia por una sensación diferente, una nebulosidad y después tinieblas. Pero, no todo estaba perdido. Apareció un caballero andante de ojos ofendidos y dulcificados y, en sus labios pareció enfocarse una sonrisa como si de una media luna se tratase. La lobreguez comenzó a cambiar en ambigüedad, en curiosidad...un caballero de luz con mil nombres que acarició mi rostro suavemente. Un caballero de luz susurré...No lo creo dijo él, un caballero oscuro quizá. Me ardía la piel por donde había pasado su dedo, en la mejilla y en el labio. Una nueva, incomoda y dolorosa sensación me hacía retorcerme. Mmm...Deseo. Es deseo pensé...Así se siente el amor. Y lo último que pensé antes de desmayarme entre sus brazos fue: No es un caballero oscuro, es un caballero blanco... con una armadura resplandeciente. 

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